Entrevistamos a la menor de los hijos de don Martín Fernandes D’Oliveira – pionero de nuestro pueblo – cuando festejó su siglo de vida.

Esta nota fue realizada en 2016

La Lusitana se denominaba una casa señorial donde residían don Martín Fernandes D’Oliveira, su esposa, Gertrudis Campos, y los cinco hijos del matrimonio: Lidia, Martín, Carlos, Clarita, Raúl y Amelia. La propiedad estaba ubicada sobre la calle Sarmiento, casi esquina Belgrano, y tenía molino.

En la actualidad, el terreno donde se levantaba La Lusitana es ocupado por el salón anexo de la centenaria Biblioteca Popular Juan B. Alberdi, entidad fundada en 1914 por, entre otros, don Martín, reconocido pionero de nuestra Villa Caseros que también contribuyó para la creación del Banco Cooperativo y otras entidades que dieron impulso al todavía pueblo.   

Quien acaba de cumplir su siglo de vida es Amelia Esther. Meli, como le dicen sus allegados, nació el 1 de diciembre de 1915, en la casa aludida, cuya denominación remite a cielos portugueses, los mismos que vieron nacer a don Martín. Tiempos en que el alumbrado era a kerosén y los chicos tomaban la leche recogida «al pie de la vaca».
Ahora, en este flamante 2016, Meli nos recibe en su domicilio de la esquina de Constitución y Belgrano, donde vive desde los años ’40. Es una casa amable, fresca, de arquitectura clásica y serena. Un piano es testigo de nuestro encuentro.

La mujer, de aspecto frágil pero coqueto y mirada clara, que camina apoyada en su bastón. Nos cuenta que fue alumna de la Escuela Laynez N° 83 (actual N° 45), en los tiempos en que el por entonces precario establecimiento educativo estaba ubicado en Rivadavia (actual Valentín Gómez y Sarmiento), y donde fue alumna de la maestra Elisa Rossi.

Como en la 83 se cursaba hasta cuarto grado, completó sus estudios primarios en una escuela de Devoto. Hasta allí viajaba diariamente en el tren Pacífico, acompañada cada tanto por un jovencito de Caseros que leía Crítica y le daba la página de los chistes para que la mocosita no lo molestara durante el trayecto.
Claro, pasó el tiempo y tanto el mozo – Jorge Martínez Boronat – como la mocosita crecieron y (abreviemos) se casaron en el verano del ’37. Al principio, vivieron en el chalet de la familia Martínez Boronat (donde hoy se levanta la «Maderera Brito», calle Caseros, entre Rebizzo y Cafferata) hasta que se mudaron a la casa donde ahora estamos y donde nació Haydeé (Dedé), su única hija y quien, con el tiempo, se convertiría en una de las muy queridas docentes de nuestro barrio.               

Amelia – quien fue profesora de actividades prácticas y economía doméstica en el instituto Abate José Rey – enseñó, “con la señora de Pizzarello”, en la parroquia San José Obrero, a tejer y bordar a las vecinas, y, además, ayudaban a las alumnas que necesitaban refuerzo escolar.
Por otro lado, integró junto, entre otras, “las señoras de Soler y Moglia”, la Comisión de Damas que tanto trabajó para la creación de la Cruz Roja caserina, institución que se convirtió en el Hospital Caseros (ubicado en la esquina de Belgrano y Caseros), orgullo de nuestro barrio, y que, más adelante (jamás se supo por qué), se perdió a pesar de ser una entidad construida con el esfuerzo pueblerino.

Meli fue contemporánea de vecinos entrañables de nuestro barrio: el lechero Lorenzín, el doctor Wenceslao De Tata (“quien venía a atendernos a casa, montado a caballo o manejando un carro; si alguien no le podía pagar, le daba una gallina o algo de la quintita”), el hielero Arenas… la mujer recuerda a Kusién, Ansaldo, Cafferata, Bucetta, Soriano, Siffredi, Rousset, Cabaleiro, Appolonio, Soriano, González Beiró, Pichón Pradelli, Agusti, Schenone, a la panadería Italo, la farmacia Cafarello
Su querido esposo – quien fue contador – falleció en 1979.

La longevidad de Amelia se atribuye a que lleva una vida sana y tranquila, a su carácter sociable, a que persiste en su coquetería y simpatía, casi picardía. También, esto corre por nuestra cuenta, por el infinito amor que le brinda, a cada instante su hija Dedé.
Meli – quien semanas atrás festejó su centésimo verano rodeada por la ternura de amigos y familiares – tiene dos nietos, Mariano y Marita Costa, y tres bisnietas: Martina, Pilar y Lucía.