NUESTRO VECINO de la calle Dante, entre Perdiguero y Asamblea, se animó y cumple un sueño al que a muchos le parece imposible. A dedo, cargando una mochila, ya recorrió más de 55.000 km. y visitó ¡25 países!. El mundo es su hogar. Escribe un blog donde se lee: «Si es un sueño, que sea de mochila».

(Esta entrevista fue realizada a mediados del año pasado)

A Danel Ayesta (30) es probable que alguna vez se lo haya cruzado caminando por Caseros, Villa Raffo o Ciudadela. Su pasado como periodista local lo empujó a transitar el distrito desde Sáenz Peña hasta Barrio Churruca.
Hijo de Norma Agulenca y Juan Carlos Ayesta, Danel  fue alumnito del jardín Bambi («que está a una cuadra y media de mi casa», señala), la primaria la cursó en la escuela 46 y concluyó su secundario en las aulas del colegio Cristo Rey. Su tiempo colegial lo acompañó con tardes jugando al handball y al básquet en los centros deportivos municipales, donde trabó amistad entrañable con Ezequiel, Lisandro, Maxi, David

Tras recibirse en el Instituto Superior de Periodismo Deportivo, cumplió una pasantía en Clarín, trabajó en radio Cristal (actual Unión de Radios Solidarias) y también en el portal N3F.

VOY POR MI SUEÑO

Fue luego de cubrir periodísticamente la contienda electoral de 2015 que se decidió a concretar un sueño que palpitaba en su corazón.
«Se me ocurrió pensar qué pasaba más allí de Tres de Febrero, más allá de lo que dicen los diarios, los canales de televisión. Tenía que ver para creer, para construir un pensamiento propio – rememora- y me fui conocer el Norte Argentino durante cuatro meses para empezar una nueva vida. Si bien tenia algunos ahorros, decidí viajar de una manera poco convencional y alejada del turismo tradicional. Con cierta incertidumbre y temor, me paré en la ruta con el pulgar hacia arriba y hasta el día de hoy sigo haciéndolo. Haciendo AutoStop (‘a dedo’), me metía circunstancialmente en la vida de las personas y de ese acto se desprendían muchas charlas interesantes que me dejaban enseñanzas, además de establecer a veces, vínculos muy estrechos. Si no terminaba en la casa de alguien que conocía en el mismo andar, mi carpa se convertía en mi refugio en algún pueblo perdido de la región de Cuyo o del Norte Argentino».

CAMINOS INVISIBLES

«Descubrí que más allá de las capitales, lo que más disfruto es visitar caminos invisibles, sitios que no se caracterizan por la afluencia de turistas. Vi que dentro de ese mundo inseguro que percibimos por las incesantes noticias negativas, hay mucha más gente buena que mala y entendí que un acto de reciprocidad en relación a la ayuda que me dan era contar mi historia y escuchar otras. Estar presente, colaborar. Descubrí que un simple acto como escuchar puede tener un gran significado en la vida de una persona. Tenía mucho para contar».

Fue en Lima (Perú) cuando nació Sueños de Mochila, cuaderno virtual donde el muchacho de Caseros relata experiencias recogidas en su largo recorrer.
«Mi idea no fue convertirme en un influencer, llamar la atención para obtener popularidad y monetizar mi sitio. Mi objetivo es generar contenidos, contar lo que sucede y mediante eso, concientizar. Fue una sorpresa muy grande cuando al cabo de un mes ya tenía 1000 seguidores y un montón de gente silenciosa que me enviaba mensajes privados contándome que estaba cumpliendo sueños propios y animándose a viajar gracias a las notas que siempre acompañé por imágenes de una extensión de mi cuerpo: la cámara… descubrí en la fotografía una gran pasión y obtuve documentos que participaron de concursos latinoamericanos».

«Subí por Sudamérica – continua narrándonos Danel con la naturalidad de quien viaja en ascensor- hasta Venezuela para ver de cerca la crisis y cuando volvía a Argentina conocí en el camino a Andrea (Andrea Carballo, vecina de Villa Dominico). Fue en Chile y el viaje pasó a ser en conjunto. Por ese entonces mi sitio crecía y, a través de él, hacia trabajos de community manager, fotografía, prensa y afines. Era parte de mi sostén y me adherí a muchas comunidades (virtuales) en donde nos ayudábamos entre sí con hospedajes, información y demás. Andrea también viajaba a dedo y compartíamos la misma filosofía nómade. Ella es psicóloga y empezó a volcar en Sueños de Mochila, sus apreciaciones vinculando su profesión. Y la página creció y se nos abrieron puertas alrededor del mundo. Estuvimos siete meses en Brasil y ocho en Europa Occidental, Central y perdidos rincones del Este que supieron ser parte de la Unión Soviética; también en Marruecos, durante dos meses. Siempre manteniendo la lógica de un turismo alternativo, lejos de la masividad de turistas y cerca de la gente local. Metiéndonos en sus casas y generando un intercambio cultural que lleva a liberar prejuicios y propician un cambio muy profundo».

Danel, al respecto, en declaraciones periodísticas, amplió: «(vivimos) nuestras aventuras desde el seno familiar, siendo circunstancialmente parte de otra vida, compartiendo sabores, olores, alegrías y tristezas. Informamos bien desde adentro y podemos obtener nuestra propia perspectiva del mundo, rompiendo con un montón de prejuicios. Nos agrada encontrar un globo terráqueo cargado de amor y solidaridad, en donde el prójimo extiende una mano y pueden establecerse lazos sin retribución económica de por medio. Vivir al tope y ser felices con lo esencial. Poder entablar conversaciones, ser recogidos en la ruta, encontrar gente que nos aliente en nuestra aventura es fundamental. Resulta una inyección anímica para seguir de cerca nuestros sueños».   

Cuando le preguntaron qué consejo le daría a quienes no se atreven a dar el paso que él ha dado, respondió: «Primero que no den mi paso, sino su paso. Que se abstraigan de lo que acontece alrededor, de las presiones, y escuchen su corazón… ¿Qué haría si no tuviera miedo? Respondan ese interrogante y, en base a ese primer planteo, trabajar todos los días para mantener vigente ese sueño hasta finalmente hacerlo efectivo. Y va para todos los ámbitos de la vida. Siempre destaco que una iniciativa revolucionaria, fuera de lo convencional, resulta larga. Se atraviesa un largo camino con muchos obstáculos, pero se llega…».

A cuatro años de aquel primer día que empezó a hacer dedo, Danel se expresa en plural y describe que «naturalizamos esta práctica y creemos que muchas de las cosas que aprendemos y transmitimos pueden resultar de interés, pueden ser aplicables a diversas formas de vivir. Viajar es nuestra vida, es un una perspectiva de enriquecimiento cultural, humano. Una forma de aprender y descubrir que más allá de lo romántico que suene, es posible cumplir con un gran anhelo, un gran sueño».

Desde aquel agosto de 2015 hasta este invierno de 2019, el ex alumno del instituto Cristo Rey viajó por 25 países y fatigó caminos por más de 55.000 kilómetros, haciendo dedo. Solventa su largo peregrinar con ahorros y «financiándome parte del viaje con trabajos relacionados a la comunicación».

Cuando lo entrevistamos, Danel tenía entre sus planes partir, junto a Andrea, nuevamente hacia Europa para visitar la península balcánica (Croacia, Bosnia, Kosovo, Montenegro, Albania, Macedonia…) terminando en Turquía e Irán. .