Fue el domingo 10 de mayo de 1931, cerca del mediodía. Fue en la esquina de Nuestra Señora de La Merced (ex Uruguay) y 3 de Febrero, en el mismo espacio que por décadas ocupó la recientemente demolida Galería Marisi. En ese mismo predio, en aquel año 31, se levantaba el Juzgado de Paz.

EL CONMOCIONANTE SUCESO

Fue en esa sosegada mañana dominguera, que la mirada curiosa de los pobladores observaba los movimientos casi circenses (después diremos el porqué) de un aeroplano, a muy baja altura.
A un «looping» le seguía una picada y cuando el aparato parecía desplomarse, retomaba altura. Fue así, una, dos, diez veces…

Los paisanos que se movían en sulki o montados a caballo, o en bici, o caminando se detuvieron para mirar las maniobras del audaz (¿imprudente?) piloto.
Se dijo (usted sabe cómo eran las malas lenguas) que el objetivo de tales destrezas era impresionar a una moza de apreciadas curvas. Se dijo, no lo afirmamos, no nos metemos en la vida privada.

Lo cierto es que el aeroplano sobrevolaba el pueblo casi al ras de los techos, cuando precisamente a las 10.45, la parte trasera del aparato, rozó el techo de una vivienda y tras impactar en su vuelo contra el tanque de agua del Juzgado de Paz, detuvo con estrépito su andar, sobre el techo del organismo público.

El avión, un Fleet N° 52, que pertenecía al Centro de Aviación Civil estaba destacado en el aeródromo de Castelar (actual Base de Morón) y era piloteado por el sargento Valentín Corvalán, acompañado por el mecánico Carlos Vernaz.

Cuando los asombrados testigos se aprestaban a auxiliar a los tripulantes, un repentino incendio destruyó el aparato que, en segundos, quedó reducido a cenizas. También repentina fue maniobra de los navegantes quienes consiguieron escapar del aeroplano por sus propios medios.

CONSECUENCIAS DEL INCIDENTE

El Juez de Paz, Manuel Gastaldi, que se hallaba ocupado en el trámite de algunos expedientes (¿un domingo a la mañana, trabajando?), resultó herido por el desprendimiento de trozos del cielorraso. Guillermo Lungein, vecino, fue alcanzado por un ladrillo que se desprendió por el impacto del avión y sufrió una herida leve. El mecánico Vernaz tuvo una herida en el labio superior, sin mayor importancia.

No bien ocurrido el accidente – «al minuto y medio» asegura una crónica periodística de la época- llegaba al lugar la ambulancia de la Cruz Roja local conducida por el «chauffeur» Dante Loguffo, quien había seguido las evoluciones de la máquina y presenciado el final.

Loguffo condujo a los tres heridos, los que fueron atendidos en la sala de la Cruz Roja. Los vecinos Roberto Olliver, José Mazzi y Jacinto Pérez procuraron, con los escasos elementos disponibles, circunscribir el fuego, sin resultados positivos ; tanto es así que rato después, cuando se presentó una dotación del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de San Martín, el fuego había consumido todo el material combustible.

El oficial inspector Juan Yañiz, jefe del destacamento policial local, procedió a levantar el sumario correspondiente y dio inmediata participación al Juez de turno.

PROTESTA VECINAL

El hecho, que pudo ser de fatales consecuencias, generó una serie de protestas en la población, la que exigió de parte de las autoridades de la aviación civil y militar, la adopción de medidas, con los que, como el sargento Corvalán, infringían las reglamentaciones vigentes con respecto a la altura de vuelo sobre poblaciones.

«No es posible que el vecindario viva ahora preocupado por hechos como el ocurrido», advirtió una nota periodística aparecida en publicación «Nueva Era», editada el viernes 15 de mayo de 1931.

NOTA: Esta crónica fue adaptada de un trabajo presentado por nuestra vecina María Haydeé Soler, en las Jornadas Histórico – Geográficas de Tres de Febrero, organizadas por la Junta de Estudios Históricos de Tres de Febrero.