«Mi viejo fue uno de los bomberos fallecidos en el incendio del martes en Caseros. Quizás hayan visto en los medios… que se culpa su muerte al monóxido de carbono y hasta se ha dicho que subieron  a hacer su labor sin estar equipados como correspondía para la situación… Para los que no saben, mi viejo tenía 29 años de servicio como bombero, lo que denota su buen manejo de situaciones así o hasta mucho peores».

Esta declaración la reprodujo a través de un hilo de tuits, Agustín Silva (25), hijo de Pablo Silva (47), integrante del Cuartel Caseros de Bomberos Voluntarios, quien perdió la vida – junto a sus compañeros Cristian Ragazzoni (35) y Héctor Fedeli (49) – al sofocar el incendio declarado, el martes 3 de agosto, en un departamento del edificio ubicado en av. San Martín, entre Marco Polo y pasaje Aristóbulo del Valle.

 “Mi viejo era un tipo responsable, estricto, disciplinado y para nada improvisado. Para nada, eh”, enfatizó Agustín en diálogo con Clarín, publicó el matutino.

El diario reproduce que Agustín no tiene pruebas concluyentes, pero cree que hubo algo más que un incendio común, esto no fue un accidente más, acá estamos hablando de un edificio que tenía problemas estructurales desde sus inicios. Vecinos que viven en otros pisos me hicieron llegar imágenes con serios problemas de pérdidas de agua entre paredes y techos electrificados. Espero que salgan a aclarar la constructora Fasani, la inmobiliaria Omar Martínez y la Municipalidad de Tres de Febrero”.

Se extendió Agustín: “por lo que averigüé el incendio lo produjo una estufa eléctrica. Digo, si se generó un cortocircuito… hubiera saltado la térmica, ¿no? Acá pareciera que la cantidad de agua acumulada dentro de las instalaciones eléctricas generó el desastre que, seguramente, haya causado la explosión que sorprendió a mi viejo y a sus compañeros. La causa está en investigación pero estoy convencido que algo fuera de lo común los sorprendió para que murieran los tres”.

El joven señaló que sólo el intendente Diego Valenzuela “me llamó y salió a dar la cara. Me dijo que es el primer interesado en saber qué fue lo que sucedió. Me prometió que moverá todo lo que esté a su alcance para llegar a la verdad».

Clarín precisa que “fuentes de la intendencia, a la vez, le dijeron a este medio que ´la Municipalidad no habilita edificios, sí inspecciona ascensores y constata planos, pero la habilitación corre por cuenta de la constructora’”, declaración que resulta extraña.

Dos días antes de perder la vida, Silva había organizado un asado familiar en su casa de Sabattini y Torquinst. “Fue la última vez que lo vi vivo a papá y tengo sus anécdotas y sus risas grabadas en mi memoria. Así lo quiero recordar. Después pude verlo en el hospital Carrillo, vendado e intubado y luego en la cochería, maquillado, pero con un gesto de serenidad”, señaló Agustín (quien tomó la selfie), quien es el mayor de los tres hijos de Pablo y Alejandra. Sus hermanos son Ana y Mateo. 

“Papá se desvivía por ser bombero, actividad de la que estaba jubilado porque ya había cumplido los 25 años de servicio, pero él seguía brindándose a pleno, porque era joven, estaba entero y sobre todo era su esencia. Pensá que en ese cuartel estaba desde sus catorce años y alguna vez que le pregunté hasta cuándo iba a seguir ligado y él me dijo: ‘a mí me sacan con los pies para adelante’. Y así fue».

También publicó Clarín que al recordar la fatídica mañana del martes 3 de agosto, Agustín subraya que  “cuando mi viejo se despertó y llevó a Mateo a la escuela y de allí, cuando estaba volviendo camino a su casa, la sirena del cuartel de bomberos lo desvío y se presentó directamente. Se puso el uniforme y junto con otros compañeros fue para allá, como era de esperar en alguien que consideraba su voluntarismo como algo impostergable”.