Supieron ser parroquianos del bar almacén de don Ramón Cobas que abrió sus puertas allá por 1944, en la esquina de Sabattini (antes, Giles) y Rauch, y las cerró tras varias décadas.

El lugar – además de oficiar como despensa – tenía un par de mesas y sillas donde los habitués se prendían en furiosas partidas de truco.

Los atorrantes del barrio – luego, circunspectos vecinos – se ofrecían solícitos para hacer los mandados hogareños con el objetivo de tener una excusa para empinarse una ginebrita, encontrar algún amigo y un mazo dispuesto de barajas.

Cada tanto, entraba alguno de sus hijos para avisarles: «Pa, dice mamá que vengas a casa de una vez porque la mesa está servida…».

Hasta hace un tiempo, algunos de aquellos muchachos continuaron reuniéndose en distintos lugares para rememorar aquellos gloriosos viejos tiempos. 

CON ALGUNAS MODIFICACIONES, LA FACHADA DEL BAR DE DON RAMON SE MANTIENE BASTANTE PARECIDA A SUS TIEMPOS DE ESPLENDOR.