BAR DON CAMILO

Justo enfrente del Bar Pampa, cruzando la calle Andrés Ferreyra, estaba instalado un pequeño y coqueto café de sobria decoración, que contrastaba con su vecino de la otra vereda. No era un bar propiamente dicho, sino que se prestaba más bien como «confitería» con «cafetería», porque no tenía lugar para juegos y menos aún, espacio para billares. Se llamaba «Don Camilo». Su propietario era el señor don Camilo Alvarez Portabales, al que el murmureo pueblerino vinculaba familiarmente con el reconocido Javier Portales.

Este local era intensamente concurrido por un nutrido grupo de jóvenes trabajadores de la fábrica de Vidrios «VICRI», ubicada sobre la calle Hornos, entre las vías del ferrocarril Pacífico y la calle Alberdi. Algunos de esos jóvenes, con el tiempo, se convirtieron en los fundadores y directores de la fábrica de Opalinas «Hurlingham», en cuya localidad llegaron a ocupar unas dos manzanas para sus instalaciones. Algunos de esos hombres – Moguilevsky, Julio Alonso, los hermanos Martínez y otros – fueron los hacedores de tan importante emprendimiento, allá por las década del 50 y 60.

BAR DE ROSELLÓ

En la esquina de Tuyú y 3 de Febrero, en Villa Pineral, se erigió un café de amplias dimensiones, modelo de solidez y elegancia (aún se mantiene su estructura original), teniendo en cuenta que surgió en la década del ‘40 y que su ubicación no era para nada céntrica. El negocio – por inseguras referencias – perteneció al señor Roselló y los hermanos Estevo, emparentados en el tiempo con el afamado oboísta Pedro Cocchiararo, vecino de los alrededores. El sitio era obligado punto de reunión de muchos vecinos, que lo tuvieron como lugar de encuentros y otros esparcimientos.

BAR INDEPENDENCIA

De los bares antiguos de un Caseros hoy casi desconocido, basta recordar el ubicado en las esquina de 3 de Febrero y Mitre, llamado Independencia. En aquellos tiempos, ambas arterias lucían un tozudo adoquinado, tanto que debajo de la capa asfáltica que hoy lo cubre, todavía subsisten los casi centenarios adoquines de sus orígenes, siendo de las pocas calles elegidas en presentarlos en las primeras décadas del siglo pasado. Dicho local ocupaba el predio donde hoy se ubica la farmacia «Colón», cuya ubicación original en aquellos años estaba justamente enfrente y cuyo propietario era el boticario don Pedro Anglese, acompañado por el idóneo Pepe Pérez, hermano de mi inolvidable amigo «Polito».
El viejísimo bar de esta evocación tenía por vecino sobre la misma vereda, un negocio ocupado por el señor Doralio Marisi, representante de las cocinas «Volcán». Don Marisi fue un emprendedor hombre de Caseros y responsable de los cambios estructurales que se observaron en la histórica calle 3 de Febrero, en particular en el cruce de esa arteria con la calle Uruguay (hoy, Nuestra Sra. de La Merced), en la que erigió con el tiempo su afamada galería comercial, a la que se accedía por una puerta sobre 3 de Febrero y se la observaba frecuentemente, atestada de gente atraída por sus elegantes instalaciones y artículos para el hogar.

Volviendo al bar de marras, fue el primer reducto de esas características que pisé a mis escasos diez añitos, compartiendo con los mellizos Hugo y Alberto Fenoglio de similar edad (mediados de la década del 30), el «inocente» jueguito de naipes «tute cabrero», como para ir introduciéndonos en otros, no tan sanctos…

Bien vale agregar que algunos de estos negocios fueron en sus orígenes, almacenes con «despacho de bebidas», transformaciones y cambios que se fueron dando sin muchas modificaciones en su estructura.

 

PEDRO MALVIDO GIMÉNEZ