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Nostalgia, memoria selectiva y crecimiento personal: reflexiones de Antoni Bolinches

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La nostalgia es una de las emociones más universales. Sin embargo, cuando se convierte en un refugio permanente, puede obstaculizar la capacidad de disfrutar el presente y proyectarse al futuro. Sobre este fenómeno, conocido como “nostalgia tóxica”, reflexiona el psicólogo español Antoni Bolinches en un episodio de su podcast Ojalá lo hubiera sabido antes, que comparte junto a los escritores y expertos en crecimiento personal Àlex Rovira y Francesc Miralles.

El pasado idealizado

“Somos culpables de idealizar el pasado”, sostiene Bolinches. Este mecanismo responde a una función defensiva de la mente: suavizar los recuerdos negativos y resaltar los momentos felices como estrategia para enfrentar la incertidumbre del presente y el miedo al futuro. De allí surge la popular frase: “Cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Sin embargo, cuando esta tendencia se intensifica, surge un problema. El recuerdo embellecido del ayer puede generar rechazo al cambio, estancamiento emocional y una visión distorsionada de la propia historia de vida.

La memoria selectiva: optimistas y pesimistas

“La memoria tiene tendencia a percibir lo bueno en el perfil del optimista, y por desgracia tiene tendencia en recordar lo malo en el perfil del pesimista”, explica Bolinches. Esta dinámica, advierte, actúa como una profecía autocumplidora: el modo en que interpretamos lo vivido condiciona el presente.

“Si no pudiéramos olvidar, no podríamos ser felices; por eso, las personas que se amargan la vida es porque todavía tienen en el presente los recuerdos negativos del pasado”, añade.

En el terreno afectivo, esta variable cobra especial relevancia. “Las personas se dan cuenta de a cuántas parejas dejaron, pero el problema es que ellos se han quedado con el daño que les han dejado a ellos, no el que ellos han podido hacer”, puntualiza el especialista.

Aceptación y diálogo interior

Para evitar la distorsión que provoca una memoria engañosa, Bolinches propone un recurso sencillo pero profundo: el diálogo interior. Se trata de hablar con uno mismo, ejercitar la capacidad de resistir la frustración y aceptar las experiencias negativas como parte del camino vital.

“Quien no acepta una mala experiencia, automáticamente distorsiona su percepción de la realidad”, asegura. Por eso, la aceptación de los recuerdos dolorosos no solo es un acto de honestidad personal, sino también una medida de protección que permite alcanzar paz interior.

Saber olvidar

En sus palabras, “gracias a que la memoria es selectiva podemos olvidar lo malo, pero hay que ser consciente de eso. Gracias a la aceptación superadora de esos malos recuerdos podemos modificarlos en la terapia vital. Solo podemos cambiar lo que previamente podemos aceptar. Y recordemos: saber olvidar ya es tener buena memoria”.

La nostalgia, entonces, no es un enemigo en sí misma, sino un fenómeno que requiere equilibrio. Reconocer la función protectora de la memoria, pero al mismo tiempo evitar que se convierta en un refugio que impida vivir el presente, es el desafío. En esa línea, el aporte de Bolinches y sus colegas invita a transformar la relación con el pasado en una herramienta para el crecimiento personal.

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