Vivió en la calle Hornos, entre Parodi y Puan. Hoy se cumplen doce años de su fallecimiento.

Casado con Julia Fajdiga, el matrimonio tuvo cinco hijos – Blas Francisco, José Juan (f.), Estanislao Martín, María Irene y María Cirilo y nueve nietos.

Nació en Eslovenia en 1924. Peleó en la segunda guerra mundial. Perdió a su padre y a sus tres hermanos, asesinados por ‘guerrilleros comunistas’ que – nos dijo cuando lo entrevistamos – respondían al mariscal Tito.

Además de esos dolores irreparables, su propio cuerpo guardaba huellas de tres balazos recibidos durante aquellos años. Soportó las penurias de un campo de refugiados. En 1949, junto a su madre, llegó a la Argentina, a este Caseros, donde por fin halló la paz.

En cierta oportunidad lo entrevistamos y nos contó lo siguiente:

  • “Yo llevo la historia de tantos habitantes de la Argentina que arribamos a este país con la esperanza de formar una familia en estas lejanas tierras. Vine junto a mi madre. Nosotros vivíamos en un campo de refugiados”.

 

  • Luego de cursar durante dos años en el colegio secundario, en Ljubljana (capital de Eslovenia), me cambié al colegio de arte; al mismo tiempo, me perfeccioné como escultor con el maestro Karol Hrovat, con quien aprendí a trabajar en mármol, arcilla y madera. Ya me había inclinado por el arte sacro porque consideré que esta especialización es más amplia que cualquier otra. Uno tiene que conocer la vida y la personalidad del personaje que va a esculpir; hay que saber cómo darle color a la obra”.

LA GUERRA

Llegó la guerra y esas manos acostumbradas a despertar duendes, se enrojecieron por la locura bélica

  • “Participé en siete combates, cuerpo a cuerpo”.

Al finalizar la contienda, junto a su familia, debió exiliarse en un campo austríaco de refugiados para escapar del baño de sangre al que eran sometidos los que pensaban distintos al nuevo régimen.

  • “Yo estaba gravemente herido; por eso no me devolvieron a mi país… pero sí devolvieron a mis padres y mis tres hermanos”.

Los cuatro fueron asesinados y arrojados a una fosa con miles de disidentes.

  • “El peligro constante de la guerra, el hambre, el acecho de la revolución con sus consabidos asesinatos y fusilamientos nos llevó, a mi madre y a mí, a que nos fuéramos del país”.

 

  • “En el año 45, viaje a Linz (Austria) donde perfeccioné mi técnica, además de trabajar; allí conocí a grandes escultores y, también, conocí muchas partes de Europa. En 1948 rendí examen como escultor profesional y recibí el título de Master Trade Man que me entregó la R.D.P Assembly Center Office”.

ARGENTINA, TIERRA DE BRAZOS ABIERTOS

En 1949, los Zerovnik llegaron a la Argentina, en busca de paz y progreso.

  • Elegimos a la Argentina porque fue el único país  que recibía a todos: niños, viejos, enfermosen cambio, EEUU, Canadá, elegían a los inmigrantes jóvenes y fuertes… Argentina, en cambio, les abrió las puertas a todos: yo llegué con la firme voluntad de trabajar y mirar para adelante, olvidándome de las atrocidades.

 

  • “Cuando llegué a Caseros, comencé a trabajar como tallador de muebles en la fábrica Gándola (Mitre y Olavarría). En 1950, me casé con Julia, a quien conocía del campo de refugiados en Eslovenia. Ella trabajaba en el taller de imprenta“.

 

  • “Fui, durante dos años, tallista de la fábrica Gándola. Paralelamente, trabajaba por mi cuenta en mi pequeño taller de la calle Hornos, donde hacía esculturas. De a poco, me fui haciendo conocido y mis trabajos eran bien aceptados por mis clientes. Empecé con obras chicas pero muy pronto me encargaron trabajos grandes, de importancia. Me empezaron a llamar de todos lados, de Mar de Ajo, Aguas Verdes, en San Bernardo hay trece obras mías decorando la iglesia… De a poco, no existió provincia donde no haya alguna de mis obras. Acá, en Caseros, tengo obras en las iglesias Nstra. Sra. de La Merced, Medalla Milagrosa, San José Obrero y en la plaza Juan D. Perón… Además hay obras mías en Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela como también en mi pueblo, en Eslovenia, donde esculpí un monumento en homenaje a la Madre. En el ’87, fui representante de arte sacro en la Argentina, ante Juan Pablo II, de quien tengo una medalla recordatoria. Mis trabajos están en más de 300 lugares, tanto de Argentina como de otros países; en algunos lugares, hay más de diez obras”.

En sus tiempos mozos, el esloveno trabajaba de quince a dieciséis horas diarias en su taller de la calle Hornos. Siempre se lo vio ágil, dinámico.

  • “Soy saludable… siempre creí que por todo lo que pasé en la guerra: el frío, el hambre, los pies siempre en el agua… me iban a jorobar en la vejez, pero la verdad, ni siquiera tengo reuma”.

José Zerovnik – entre otros numerosos reconocimiento a su trayectoria – fue distinguido con El Gaucho, galardón que, conjuntamente, entregaban la gente del Rotary Club Caseros y el Rotary Club Capurro (Uruguay).

Falleció el 26 de enero de 2011, a sus 86 años.